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La oscuridad que dejó el COVID-19 en la educación

Al escuchar la frase “COVID-19”, nuestra mente de forma automática lo asocia con alteraciones en la salud. Si bien es cierto que este aspecto ha sido el principal factor en la vida que se ha visto afectada por la pandemia, no podemos ignorar que ésta ha tenido un impacto significativo en otros ámbitos vitales, como la educación.

Aproximadamente 1600 millones de estudiantes de todo el mundo no pudieron asistir a sus escuelas, y muchos de ellos tuvieron que enfrentar la incertidumbre de nuevas formas de aprendizaje. No acudir presencialmente a las escuelas incidió en su bienestar, seguridad y desarrollo, pues es allí donde reciben educación, alimento y protección, donde juegan, hacen amigos y reciben el apoyo de sus docentes.

Niño estudiando en casa por el COVID-19

Los estudiantes tuvieron que improvisar para poder instruirse desde casa

No solo estamos tratando con la falta de aprendizaje académico, sino también con la ausencia de habilidades y hábitos que contribuyen al crecimiento personal de los estudiantes en todas las edades. Por ejemplo, la capacidad de iniciar y mantener relaciones interpersonales entre estudiantes y maestros, la barrera para descubrir y perfeccionar talentos, la capacidad de mantener el tiempo ocupado de manera productiva, con la mente enfocada en objetivos semanales y tareas extracurriculares. 

La falta de asistencia a la escuela interrumpió estos formatos de vida del estudiante, dando lugar al desorden cronológico diario. Los estudiantes tuvieron que improvisar para poder instruirse desde casa, ya que se vieron obligados a aprender sobre la marcha en esta etapa.

Durante ese tiempo, los tres pilares de la comunidad educativa (maestros, padres y estudiantes) han tenido que trabajar juntas para asegurar que los estudiantes continúen aprendiendo y desarrollando habilidades importantes para su crecimiento personal.

El cierre de las escuelas no sólo fue una interrupción temporal

No solo estamos tratando con la falta de aprendizaje académico, sino también con la ausencia de habilidades y hábitos que contribuyen al crecimiento personal. Por ejemplo, la capacidad de iniciar y mantener relaciones interpersonales entre estudiantes y maestros, la barrera para descubrir y perfeccionar talentos, la capacidad de mantener el tiempo ocupado de manera productiva, con la mente enfocada en objetivos semanales y tareas extracurriculares.

La falta de asistencia a la escuela interrumpió estos formatos de vida del estudiante, dando lugar al desorden cronológico diario. En muchos casos, los estudiantes tuvieron que improvisar para poder instruirse desde casa, ya que se vieron obligados a aprender sobre la marcha en esta etapa.

Durante ese tiempo, los tres pilares de la comunidad educativa (maestros, padres y estudiantes) han tenido que trabajar juntas para asegurar que los estudiantes continúen aprendiendo y desarrollando habilidades importantes para su crecimiento personal.

Mamá enseñando a su hija en casa

Para millones de estudiantes, el cierre de las escuelas no será una interrupción temporal en su educación, sino un final abrupto de la misma, advirtió Human Rights Watch. Muchos niños y niñas comenzaron a trabajar, se casaron, se convirtieron en madres o padres, están desilusionados con la educación y han llegado a la conclusión de que no pueden ponerse al día, o sobrepasan ya la edad para recibir la educación gratuita y obligatoria garantizada por las leyes de su país.

Muchas escuelas al tener que cerrar sus puertas y cambiar al aprendizaje virtual dejó a niños sin acceso a la educación, debido a que muchos no contaban con los recursos tecnológicos y como consecuencia ha dejado a muchos estudiantes rezagados y sin posibilidad de igualarse en sus estudios. Tal situación desencadenó una serie de complicaciones y desafíos para estudiantes, profesores y padres de familia.

Esta transición abrupta no sólo fue difícil, sino que también evidenció las grandes diferencias existentes en términos de acceso a tecnología y recursos educativos, en particular los grupos más marginados, que no tenían acceso al aprendizaje digital o carecían del apoyo, la resiliencia y el compromiso para aprender por su cuenta.

La pandemia se desvaneció, pero la educación sigue en decadencia

Durante el periodo de pandemia, se han hecho patentes los múltiples beneficios que obtienen los estudiantes al aprender en contacto cercano con sus maestros y sus compañeros, y tener acceso a la variedad de servicios que ofrecen las escuelas.

Por eso, es fundamental que pensemos en el futuro, en cómo podemos apoyar a los estudiantes y a los maestros para superar esta crisis. Nuestras escuelas son la base de la economía del mañana, y el aprendizaje es esencial para una sociedad exitosa y próspera.

Es hora de invertir en tecnologías y habilidades que apoyen el aprendizaje en línea y fuera de la escuela, para asegurar que todos los estudiantes tengan igualdad de oportunidades y acceso a los conocimientos que necesitan para crear y cumplir sus propias metas en la vida. 

La educación es fundamental para el desarrollo de la sociedad por lo tanto es competencia de cada uno de nosotros contribuir para que ésta se mantenga a flote y mejore en tiempos de crisis, juntos podemos hacer frente a los retos que se presenten y crear un mañana más prometedor.